Me desperecé con esfuerzo -este maldito cambio de tiempo va a acabar con mi muñeca- y me levanté. Me duché y me dirigí a la cocina en donde el olor del sofrito se había hecho más intenso. Mi madre se peleaba, cuchillo en mano, con un pollo crudo.
- ¿Qué haces? -preguntó con la frente sudorosa.
- Buscar algo de comer -respondí abriendo la nevera.
- ¿Ahora? Dentro de dos horas comemos, suelta ese tupper. ¡Ya! -de pronto me dio miedo verla tan cerca de mí con un cuchillo jamonero en lo alto.
- Mamá, tengo hambre...
- Que lo dejes te digo.
- ¿Qué vas a hacer esta tarde? -preguntó.
- No sé, supongo que terminar el libro, me quedan ya muy pocas páginas.
- Pensé que vendrías conmigo -fue hacia el fregadero para lavar las manos-. Tu tía ha decidido que por fin es el momento de hacer la maleta.
- ¿Y yo qué pinto ahí? O_o
- ¿Apoyo moral?
- Jajajaja. Anda... ¿te ayudo con eso?
- Vale. Tírame del muslo. Vaya tiempo más aburrido.
- Pues sí.
Odio los domingos, ¿tú no?
Etiquetas: Family
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